Arthur Conan Doyle

Santuarios de Conan Doyle

Despacho de Conan Doyle en su domicilio de Londres en 1891, que no era más que una consulta en la que ejercía como médico. La falta de pacientes hizo que dedicara las horas a escribir y se iniciara como novelista.

 

Conan Doyle escribiendo en su jardín. Del uso de cojines en el banco se deduce que la práctica no era puntual sino prolongada.

 

Arthur Conan Doyle en su estudio de Norwood, en 1894. Una sencilla mesa, arrinconada en una esquina y a cuyo lado, en la pared, dispone de un archivador y un panel con una red donde hay colgadas fotos y notas. Detrás de él unas acuarelas obras de su padre.

 

En lo alto de una estantería un busto de yeso observa al escritor. Se trata de una reproducción del ideal de Sherlock Holmes. No deja de ser curioso que un personaje vigile permanentemente a su autor. De hecho en 1894 Conan Doyle decidió matar a Sherlock harto de su fama.

 

En el estudio de Conan Doyle, que es el taller, la sala de fumadores y el vestuario en uno, se encuentra el busto de un hombre con cara astuta. A primera vista, es probable que le parezca el retrato de un gran estadista británico, lo cual es un gran error. Es un inteligente trabajo realizado por un joven escultor de Birmingham, Wilkins por su nombre. Lo echó en yeso y se lo envió al Dr. Doyle como su ideal de Sherlock Holmes. La cabeza delgada y bien modelada, los labios cerrados, los ojos inescrutables y la mandíbula de hierro hacen una concepción admirable del ahora famoso detective.

Y, por cierto, sería difícil encontrar una habitación más trabajadora, que este acogedor estudio donde se escribieron «The Refugees», «The Slapping Sal» y muchas otras brillantes piezas de ficción. El banco de trabajo adecuado se encuentra en la esquina, uno de esos escritorios de cubierta plana tan frecuentes en Inglaterra.

 

Arthur Conan Doyle (1859, Edimburgo – 1930, Crowborough)

Fue un escritor, médico y aventurero británico. Es conocido principalmente por su serie de novelas y cuentos cortos protagonizados por el detective ficticio Sherlock Holmes y su amigo y biógrafo John Watson.
Doyle estudió medicina en la Universidad de Edimburgo y ejerció como médico durante varios años antes de dedicarse por completo a la escritura. Publicó su primera novela de Sherlock Holmes, «Estudio en escarlata» en 1887, y continuó escribiendo historias sobre el detective hasta 1927. Además de las historias de Sherlock Holmes, Doyle también escribió varias novelas históricas, relatos de aventuras y obras de teatro.
Doyle también fue un defensor de causas sociales y políticas, especialmente en cuanto a la justicia y el pacifismo, y escribió varios artículos y libros sobre estos temas. Es considerado uno de los escritores más populares de la literatura inglesa del siglo XIX y su figura del detective Sherlock Holmes es una de las más famosas y queridas de la literatura universal.

Mejores libros

Estudio en escarlata (1887)

Las aventuras de Sherlock Holmes (1891)

El mundo perdido (1912)

 

En Espacio para escritura encontrarás los escritorios de los mejores novelistas de la literatura universal.  Los lugares que inspiraron a los mejores escritores. Para un escritor su lugar de creación es un reducto sagrado donde siente la energía necesaria para poder fluir su arte. Algunos buscan la tranquilidad adecuada para que broten las ideas, otros un lugar donde insuflarse de la vitalidad circundante. La luz, el tamaño del espacio, el soporte o mueble sobre el que apoyarse o el asiento, si lo hay, en el que acomodarse, son algunos de los aspectos que más influyen en la elección.

Estos espacios se convierten en santuarios que reproducen una serie de condiciones favorables para su creatividad y poder así dar forma a  sus mejores libros, tanto novelas como ensayos, poesía y teatro. En ocasiones, lugares concretos, como un despacho, un rincón en el salón, la cama, un atril o una caseta en el jardín. En otras, lugares genéricos, como bares, bibliotecas o habitaciones de hotel. Intentando aislarse del mundo o tratando de fundirse en la muchedumbre. Unos, buscando silencio y tranquilidad para concentrarse. Otros, en busca de ruido y barullo. Redactando en papel con pluma, lápiz o bolígrafo, o tecleando una máquina de escribir o el teclado de un ordenador. Iluminados por un chorro de luz exterior o al refugio de una lámpara o un candelabro, en la penumbra.

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